pensamientos míos 4

Texto_ Yolanda Moreno

Tiene DNI. Parece sobrevivir a un virus atroz que no dejó viva una carpeta.
Tiene la escusa perfecta para volver a nacer. Al parecer murió en el 96. No le quedará más remedio que tener fe. “Copia de seguridad” dice llamarse su obligatoria doctrina. Tirar cosas es su obligación inmediata.
Encontró una foto. Seguramente la primera de esa otra vida. No está muy favorecida, pero fue y será la primera. Entonces porque sí, ahora, por conciencia genética.
Conserva lo que tenía. Perdió lo que ya se fue. Sigue sin encontrar lo que no quería creer que ya no estaba.
Tiene pendiente guardar los calcetines de rayas que están sobre el radiador.
Asegura no quererse hacer pis encima.
Recuerda que el primer día feliz de aquella otra existencia fue el primer día que fue a la escuela. Su aula estaba en obras. Dibujó en el patio sobre una mesa metálica pintada de gris Sinaga. Volvió a encontrar, tras buscarla, a Doña Tere quince años más tardes. Doña Tere la recordaba, recordaba su afán por dibujar y confesaba que era la primera visita en sus años de docencia. Nadie de párvulitos la buscaba. Doña Tere se apellidaba Rodríguez Doblas. Vestía en los 70 vaqueros y jersey rojo de pico, melena con mechas rubias y unas manos con las uñas comidas que no paraban de llevar, todos los recreos, pipas a su boca.
Recuerda ondas desajustadas en la radio de madrugada, los barrotes de la cuna y un chupete con sabor a azúcar que no evitó que llorara. No sabía hablar. Las ondas desajustadas le molestaban. Lloró porque no sabía hablar. Le pegaron porque no dejaba de llorar.
Besaba con pasión el culito protegido por pañales de su hermana. Le dijo que la quería a los 24 años.
Escribía mal para que le mandasen a hacer, como a otras compañeras, cuadernos de caligrafía. Fue el primer dinero que recibió de sus padres sin que cuestionaran nada. Escribió mal en su nuevo colegio para que le castigasen en los recreos a hacer copias. En las castigadas habituales encontró a sus amigas.Un día con sol vio a una chica rubia girar sobre una barra de hierro. Se acercó. Preguntó cómo se llamaba. Escuchó por respuesta un “¿a ti qué te importa?”. Respondió “quiero ser tu amiga”. Recibió un “entonces, me llamo Pilar”. Hoy sigue llamándose Pilar, y hoy la sigue llamando Pili, porque Pili no tenía partición ni gozaba de carpeta.

1 comentario:

el maletero dijo...

Ahí tenemos un guión. El último parrafo es muy visual.
Me gustan tus reflexiones cuando cuentan, inventan, recuerdan, momentos. No quiero que te pierdas en batallas de acusaciones y celos, no les des tanto espacio en tus "pensamientos míos". ¿O es que la alegría no merece su espacio vital en tus escritos?