pensamientos míos 3

Pero por qué justo en estás milésimas de segundo nadie está.
A veces esperando vencemos el desoncierto de la espera que nunca será lo necesitamos. Invitamos al sueño, maldormimos, maldesayunamos.
A veces releemos lo escrito y renegamos de la confesión, de la confesión hecha en las últimas horas.
Si no están es porque ellos buscan en los adoquines lo que tú entre estas letras mecánicas. Si no están es porque están más flojitos de lo que tu necesitas y menos fuertes de lo que ellos necesitan creer.
Si no están, te jodes. No haber vuelto con tanta prisa.


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pensamientos míos 2

Me enamoré de los que me querían como amiga, deseaban follarme los que yo no entendía por qué, teniendo diez años me devoraba un primo con ansia que me llevaba otros diez, y un pederasta quiso seducirme también. Mi padre siempre me prohibió “arrimarme a los ñiños” y casi acabo construyendo un porqué.
Desde los cinco años me recuerdo besando a mis amigas pero recuerdo mi primer orgasmo con once o doce años leyendo a Juliette del Marqués de Sade. El segundo lo recuerdo estudiando de memoria la lección de Geografía e Historia a fin de evitar el tirón de pelos de Doña Emilia si no la sabías “recitar”.
Para hablar del Instituto aún necesito unos años más. Los treinta y siete que tengo siguen siendo un ensayo de lo que viví con aquella edad.

Desde que murió Franco sólo pinté “con seriedad” cuando entendí que alguien creyó en mí. Tras el empujón de mis profes asistí tres meses a la Escuela de Artes y Oficios. Dibujaba muy bien pero no sabías pintar. Había pasado de pintar una casa con camino árbol, pozo y montañas, a chulear en el cole haciendo las láminas de mis compañeras y a cambiar en el Insti los trabajos de plástica por exámenes de latín. Pero no sabía crear.
Dibujé de manera aún hoy para mí, increíble. Y repetí doce veces el cuadro que realicé en mi examen de ingreso. Memoricé las mezclas de colores, el orden de las manchas de color y el tiempo que emplearía en él. Dibujé, me sobraron veinte minutos en mi cuadro y tras dos meses de retraso de la regla, supe que aprobé. De manera que ese año acumulé los primeros tres primeros reconocimientos en mi vida: mis profes animándome a hacer Bellas Artes, mi aprobado en el puesto treinta de cuatrocientos en Bellas Artes y la llamada de mi padre anunciándomelo: “superior”, me dijo. “Superior”, después de veinte años en este mundo, depués de veinte años de no ser un chico, después de veinte observando sus herramientas, después de trece arreglando los pinchazos de mi bicicleta, después de diez subiéndome a su moto y a su coche en la cochera, aprobé.
Recordaba entonces los escupitajos a la casa de enfrente, cabreada con Marco, adorando a Heidi sin saber porque, temiendo a mi padre, oyendo gritar a mi madre para que bajara a limpiar, sin ver desde hacía días a la Flora, la Paquita desde hacía una semana con peluca, mi amiga Paqui enamorada, yo enrollada con una mujer casada y embarazada, su suegra pillándonos en la cama. Todo ellos con cuarenta grados, a media hora del centro y entre los lodos de las calles que me rodeaban.

Había organizado manifestaciones y huelgas en el instituto sin saber por qué. Simplemente creías en los más mayores que yo, que luchaban. Había discutido con mi padre por llevar a casa una pegatina que encontré de camino a clase del Partido Comunista de España. Me había pirado de clase, robada por una profesora para asistir con quince años a un mitin de Marcelino Camacho, mientras ella me rogaba que no se lo dijera a nadie y mientras regalaba grabaciones de Serrat y de Aute.

confesión


Copiraig de la imagen_ yolanda moreno

en esto se basa mi nuevo proyecto

pensamientos míos

Me recuerdo cantando desde que me lo confesó el uso de mi razón.
Recuerdo concretamente dos día de mi niñez en un escenario común: la terraza de toda mi casa. Los dos días yo pintaba con acuarela sobre las traseras del calendario caducado que colgábamos en la cocina de aquella casa. El primero de esos dos días mi madre subió a decirme: “hoy no se puede cantar”. Pregunté por qué. “Se ha muerto Franco y no sabemos lo que puede pasar”. El segundo era un domingo. Emitían Heidi por la tele y a mí se me cayó el primer diente. Sentí que me lo serraban sin dolor.
Jugaba a llegar con un escupitajo y con huesos de aceituna a las terrazas que estaban frente a mi casa. En una vivía mi amiga de la infancia, Paqui. No me importaba no llegar. En la de por encima vivía la Flora. Su padre, borracho habitual, le pegaba. Flora se marchó de casa cuando su madre, Luisa, murió. Isidro era el vecino que vivía por debajo de Paqui. Hijo de un jorobado y de una madre condenada por el cáncer, me confesó que los niños nacían por el chocho y que lo de la cigüeña era mentira.
Amalia tenía un marido retrasado, una hija más retrasada aún llamada Maria Luisita, y también tenía a Amalia. Por encima de Flora estaba María la Gorda y Claudio. Claudio paseaba sin tregua cuando aún el Imserso no sabía que existía Benidorm. Por debajo de Amalia estaba María, con sus hijos llamados a voces a la hora de comer y un marido, muerto recientementemente (por fin) que se creía invisible abriendo la puerta de su cochera cada vez que un ruido de motor visitaba nuestra calle. Más abajo, la Conchi, el Antonio, su madre Antonia y su padre Vicente, trabajador de la Coca-cola, al que magistralmente difuminaron su alcoholismo hasta el día de su muerte. Por debajo de la Conchi, la Jacoba. Vió en su cuarto embarazo la ventaja de ser declarados familia numerosa. Comían cocido de lunes a viernes.
De mi acera recuerdo especialmente a mi tía que murió de cáncer a los cuarenta y seis años, viviendo con su familia por debajo de mi casa. Y a mi abuela, que vio morir a su marido a dos de sus hijos, a cinco metros de mi puerta. Todos eran familia de mi padre.
Recuerdo al Bicho, por debajo de mi tía, borracho y con traqueotomía, tocando la bocina de su Ducatti para que la Carmen le abriera.
Por encima de mi abuela vivía Paquita. Paquita tenía tres hijas y una perra llamada Susi que tenía una cadena con la que José le pegaba cuando bebía. Paquita nunca lo confesaba. Pero sus hija eran amigas mías. Beli, la hija mayor, cantaba los fines de semana mientras limpiaba la casa. Cantába como los ángeles. Yo ponía la FM y también cantaba pero nunca podía con ella.
A los catorce años mi padre me concedió el derecho de salir de mi calle y moverme por el barrio hasta las nueve de la noche. Obviamente, yo ese día dejé de moverme por el barrio para comerme la ciudad.
Estudié en un colegio con más categoría que el que merecía mi barrio. Y, supuestamente, porque así lo había hecho mi prima, y con los ojos ciegos de mi progenitor por ese motivo, en el peor Instituto de la ciudad. En el colegio, claro está, no pudo ser de otra manera, me enamoré a los ocho de mi profesora Doña Encarna y a los doce de Doña Elisa. A mi Doña Encarna la recuerdo sentada en su sillón sin bragas y a mí escondida bajo su mesa.
Por supuesto, llegué al instituto dispuesta a ser tan libre como los profesores que me habían contado que iba a tener.

Los domingos se hacía en mi barrio “el mercadillo”. Era la única ocasión en que la gente estupenda aparcaba sus coches en nuestras calles y nos venían a ver.
Como en un acto de fe (igual que las hormigas), cada domingo yo subía al mercadillo. En principio a pedirle a mi madre hasta el agotamiento que me comprase algo. Con los años, a fumar y a que los vendedores de color, los primeros que yo veía, me llamasen guapa y me regalaran sonrisas. Tuve claro entonces que nunca me casaría y que de formar pareja, sería sin dudarlo con un negro.

Gallardón

Son más sober_bios que listos.
Son tan soberbios que no se permitirían el órdago Gallardón para ganar las elecciones.
Franco le dijo que nunca llegaría a presidente del gobierno porque era demasiado inteligente. Y es que le vamos a tener que dar la razón.
Creo sinceramente que este pepero no sería un mal presidente de nuestra nación-es.
Rajoy no olvida que en sus pedos tenían que sujetarlo sus cofrades porque quería salir a matar comunistas. Esto fuen dicho por un colega suyo, falangista, en mi casa (mis amigos me perdonen) mientras cenábamos.
En mi corta vida me parece que es el único derechoso que intentó hacer política social.
Si les toca que les toque dignamente, pero ni en eso nos consienten.


frágil

imagen_ yolanda moreno

reflexión primera de 2008

NO q u e r i e n d o p u b l i c a r

reflexión 2007

imagen_ yolanda moreno

I n t e r s t i c i o :
Hendidura o espacio, por lo común pequeño, que media entre dos cuerpos
o entre dos partes de un mismo cuerpo.
Espacio o distancia entre dos tiempos o dos lugares, intervalo.
I n t e r s t i c i a l:
Dícese de lo que ocupa los intersticios que existen.